Se dice que los viajes en avión generan temores en la gran mayoría de las personas.
Esos temores son de muy diversa índole.
Se teme perder el vuelo, tener que empacar, olvidar cosas, que suceda un acto terrorista, que no llegue la maleta o perder la conexión, por no hablar del temor a que ocurra un accidente, el cual impide a muchas personas viajar por vía aérea.
Pocas personas temen, sin embargo, ser víctimas de robo durante el vuelo, quizás por desconocimiento de lo que había venido sucediendo en algunas rutas de Air France.
Desde hace seis meses se desató una ola de robos a pasajeros, usualmente no de clase turística sino de negocios. Pasajeros reportaron pérdidas de dinero efectivo, joyas y tarjetas de crédito que llevaban en su equipaje de mano.
Al parecer fueron sustraídos mientras los pasajeros dormían en rutas de larga duración. El primer incidente reportado fue en la ruta de Tokio a París, pero las quejas continuaron hasta afectar un total de 142 vuelos en lo que va de año.
Dado que la policía sospechaba que podía haber una banda que abordaba los vuelos como pasajeros y se dedicaba al cometer los robos, cuidadosamente relacionó los nombres en las listas de pasajeros con las fechas de las sustracciones.
La investigación no produjo resultados concretos, aparte de que muchos de los delitos lucían ser antieconómicos, pues el valor de lo robado era inferior o muy cercano al precio de los billetes de vuelo.
Ayer se anunció el arresto del presunto culpable. Se acusa a una azafata de cometer los robos. En su hogar y en una caja de seguridad a su nombre fueron halladas joyas, datos de números de tarjetas de crédito y libretas de cheque reportados como robados.
Ya no hay casos antieconómicos, pues la azafata no pagaba pasaje. Y ella sabía cuáles pasajeros dormirían más profundamente, pues era ella quien les servía las bebidas alcohólicas.
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