| listindiario.com.do 15 de julio del 2010 |
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Delegaciones gubernamentales latinoamericanas solían visitar los EE.UU. en busca de ayuda, inversiones y concesiones comerciales. Ahora van a China, excepto las de los pocos países que como la RD no tienen relaciones diplomáticas con esa nación.
Los chinos, sin embargo, no son, propiamente, benefactores del desarrollo. Persiguen, como es lógico, sus propios intereses.
En abril de este año China suspendió las importaciones de aceite de soya argentino, que en el 2009 llegaron a 1,400 millones de dólares. La razón aparente fue haber detectado en el aceite niveles excesivos de hexano, químico perjudicial para la salud usado en el procesamiento de la soya, lo que ha sido negado por los argentinos.
Curiosamente, la prohibición fue impuesta después que Argentina aplicó medidas antidumping a varios productos chinos.
La presidenta argentina viajó esta semana a Beijing con una nutrida delegación de funcionarios y empresarios. Prioritario en su agenda estaba solucionar el asunto del aceite. Los chinos no cedieron. Sólo aceptaron conformar una comisión bilateral para discutir ése y otros asuntos. Los argentinos comentaron, en privado, que si China no quiere su aceite tienen a quién vendérselo, entre otros a la India.
Y en cuanto a inversiones oficiales chinas en la Argentina, no se anunció ningún proyecto específico.
Pero no todo salió mal. Argentina quería también préstamos chinos y consiguió algunos. Unos diez acuerdos fueron firmados, entre los que destaca uno por 9,700 millones de dólares para la compra de equipos ferroviarios, financiados por China a baja tasa de interés, como es común en los créditos de exportación.
Se espera que para septiembre, cuando las existencias de aceite de soya en china hayan declinado, la prohibición a la importación podría ser levantada.
Mientras tanto la delegación argentina retornará a su país con las manos semivacías.
gvolmar@diariolibre.com
De gustavo volmar
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