| diariolibre.com 5 de julio del 2010 |
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El dólar, el euro y el yen tienen algo en común. Los tres tienen grandes debilidades.
Por muchos años el dólar fue el baluarte monetario del mundo. Aún después de que los Estados Unidos suspendieron la libre convertibilidad del dólar en oro a un precio fijo, continuó siendo la moneda de elección en las transacciones internacionales.
Cuando el euro fue creado, muchos creyeron que en pocos años estaría de igual a igual con el dólar como moneda de reserva y medio global de pago. No sólo no sucedió así sino que a los dos años de su creación sufrió una crisis que obligó a los europeos a pedirle a la Reserva Federal que comprara euros para detener su caída.
Hoy las cosas han cambiado. Las tres monedas suben y bajan de valor de forma brusca e impredecible.
Lo más interesante de la situación actual es que cuando una moneda se fortalece no se debe a eventos que la afectan positivamente, sino por acontecimientos negativos en las otras monedas. Por ejemplo, el dólar subió frente al euro por causa de la crisis fiscal de Grecia, España y otros países europeos. La semana pasada el euro subió respecto del dólar más que nada debido a que las cifras de ventas de vehículos de motor, las reventas de viviendas, las solicitudes de pagos por desempleo y el índice de la actividad manufacturera en los EE.UU. fueron peores que lo esperado.
Los gobiernos europeos, de EE.UU. y de Japón tienen grandes déficits fiscales y una cuantiosa deuda pública. Los EE.UU. tienen un enorme déficit comercial. Europa y Japón envejecen aceleradamente y se cuestionan cómo podrán mantener a sus pensionados. El desempleo sigue obstinadamente elevado.
En esas circunstancias, para colocar sus recursos, en lugar de evaluar las señales indicativas de que una moneda tiene fundamentos para subir de valor, los inversionistas están fijándose más en cuál moneda parece ser la que menos débil está.
gvolmar@diariolibre.com
De Gustavo Volmar
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