Se dice que la recesión es la mejor amiga de las protestas y la peor enemiga de las huelgas.
Estimula las protestas de sectores como los agricultores y los estudiantes, en reclamo de apoyos y subsidios, o en contra de restricciones e impuestos.
Pero desalienta las huelgas de los trabajadores, más preocupados por conservar sus empleos.
Si es así, se podría pensar que la huelga de los pilotos de la línea aérea alemana Lufthansa que comenzó ayer se debe al fin de la recesión.
Sus reclamos, sin embargo, no son los que usualmente impulsan los paros laborales.
La mayoría de las huelgas buscan alzas salariales. En este caso, sin embargo, su principal motivación es el temor a perder los empleos.
Los pilotos temen que a fin de reducir costos la empresa transfiera parte de sus operaciones a subsidiarias europeas fuera de Alemania, como su compañía en Italia y Austrian Airlines, donde los salarios son más bajos.
Los pilotos de Lufthansa comienzan con un salario inicial de unos 155,000 dólares al año y su ingreso promedio está en cerca de 270,000 dólares, lo que lógicamente no desean perder. Siguiendo el modelo de Volkswagen, ofrecen renunciar a aumentos salariales a cambio de que la empresa les conceda participación en las decisiones que puedan afectarles, en particular transferencias de rutas y empleos, lo que Lufthansa ha rechazado. Quieren también que los salarios en las subsidiarias sean igualados a los suyos, para así evitar la competencia.
La huelga, que es por sólo cuatro días, de lunes a jueves de esta semana, se estima costará a la empresa 135 millones de dólares y afectará la mayor parte de sus 1,800 vuelos diarios. Alrededor de cuatro mil pilotos votaron a favor del paro.
Al conflicto en Lufthansa, segunda línea europea en tamaño después de Air France - KLM, se añade una posible huelga en British Airways, que es la tercera más grande.
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