Ha comprometido más tropas y recursos en Afganistán, a pesar de que los insurgentes están a la ofensiva, el gobierno afgano es corrupto y las elecciones fueron un fracaso.
Ha incumplido promesas, como la de cerrar la base de Guantánamo.
Su principal propuesta social, la reforma de los servicios de salud, está en dificultades.
Se ha distanciado de los grandes bancos, fondos de inversión y aseguradores, a quienes quiere achicar y gravar con un impuesto especial, y a cuyos ejecutivos calificó como "gatos gordos".
Su participación en la cumbre sobre calentamiento global no impidió que los resultados fuesen insignificantes, siendo desconsiderado allá por los chinos, que asignaron a un funcionario de segundo nivel para discutir sus propuestas.
Es percibido como antagónico al sector empresarial y a los inversionistas, inclinado a favor del intervencionismo estatal.
El déficit fiscal sigue creciendo, financiado en gran parte por gobiernos y fondos extranjeros cada vez más inquietos respecto del futuro del dólar.
Su partido perdió la senaduría de Massachusetts, símbolo de los demócratas liberales y escaño de Edward Kennedy, su gran apoyo para ganar la presidencia.
Pero lo más grave de todo es el desempleo, cercano al 10%, con anuncios casi diarios de nuevos despidos.
Enfrentando elecciones para el Congreso este año, los demócratas confían que el discurso de Obama logre restaurar la confianza pública en el gobierno, con medidas para crear empleos, limitar el déficit fiscal, salvar parte de la reforma de salud, regular el sector financiero, auspiciar fuentes alternativas de energía y estimular nuevas inversiones.
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