| listin.com.do 22 de enero del 2010 |
Santo Domingo.- Resulta obvio pensar que si en el desierto de Sahara ocurriera un sismo nada pasaría porque allá sólo hay arena, lo mismo si el fenómeno acontece en el Valle del Tetero, en la Cordillera Central. ¿Dónde está la coincidencia?
“En que en ninguno de los dos lugares las tragedias serían cuantiosas, simplemente porque no hay estructuras y por eso pocas personas”, dice Nelson Morrison, director de la maestría en Ingeniería Estructural del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).
El catedrático explica que el gran problema no son los sismos, sino el estado de las estructuras y los edificios donde habitan las personas, pocas veces supervisados para determinar si se construye igual que como se planeó.
“Llevo 19 diseñando estructuras y puedo asegurar que al 95% de las obras que he tratado nunca se le ha dado una supervisión estructural porque sus dueños no lo procuran. Sólo Ikea, quizás por ser una compañía europea, se ha preocupado en supervisar si se está haciendo lo que se planeó”, indica.
La queja del ingeniero se aviva en momentos en que el país está enfocado en la devastaciones dejadas por el sismo de Haití, que todavía antes de ayer tuvo una replica de 6.1 grados, y que según geólogos consultados no quita la posibilidad de que República Dominicana atraviese un pasaje similar por la falta de controles en las construcciones.
“Aquí estamos mejor que Haití; eso no hay que dudarlo, pero la realidad es que si en Santo Domingo ocurre un sismo con la misma magnitud probablemente colapsarán más de la mitad de las edificaciones que tiene la ciudad”, dice Morrison.
Escuelas dañadas
Un estudio realizado el año pasado por el Intec en 61 escuelas de la provincia Santo Domingo indica que cerca del 75% de los recintos son sísmicamente vulnerables y propensos a sufrir daños si ocurriera un sismo de dimensiones similares al del vecino país.
“Debido al alto grado de repetitividad de los problemas podemos extrapolar que los números son similares para las escuelas en otras provincias. La Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra hizo un estudio parecido en Santiago y los números andan entre 70% y 75%”, dice el reporte de la conclusiones, el cual señala que los índices deben interpretarse como la propensión que tienen las edificaciones a sufrir daños durante la ocurrencia de sismos fuertes.
Soluciones
Leonardo Reyes Madera, un ingeniero con especialidad en ingeniería sismo resistente por la Universidad Central de Venezuela, explica que una solución viable al problema es revisar todas las construcciones a la luz del nuevo Código de Estructuras Sísmicas y luego aplicar entonces las correcciones que arroje el estudio.
“Muchas varillas no determinan que un edificio no colapse, lo que sí lo impide son los diferentes elementos estructurales como vigas y columnas que pueda tener”, dice Reyes.
En tanto, Nelson Morrison señala que el costo es uno de los principales problemas en contra de la reparación de los edificios.
Según estima, para preparar un edificio hay que invertir entre 25% ó 30% de lo que se gastó en la obra total.
“Las herramientas están ahí y son las mismas con las que se construyeron grandes edificios en el extranjero, por ejemplo la Torre de Dubai, lo que falta realmente es la intención porque la vida de las personas vale más que el costo de reparación”, afirma.
CARENCIA DE EDUCACIÓN A NIVEL PROFESIONAL
La poca cantidad de profesionales especializados en materia de sismos o en áreas relacionadas es otra falta por superar.
En el país hasta la fecha sólo una institución de educación superior ofrece maestrías en Estructuras, pese a que la ingeniería es una carrera universitaria con amplia demanda entre los estudiantes.
Leonardo Reyes Madera da su testimonio al respecto y explica que también son escasos los especialistas en ingenieria sismo-resistente porque el programa que le permitió estudiar la rama de la ingenieria surgió a raíz de el terremoto ocurrido en la ciudad de Caracas, Venezuela, en 1970, y luego de un tiempo se descontinuó.
“En ejercicio ahora mismo somos sólo tres los que en el país estamos activos porque hace años que ya no va nadie a estudiar la carrera a Venezuela”, apunta el ingeniero y profesor en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.
Nelson Morrison detecta otro fallo y dice que en el país existe la creencia de que quien inserta números a un programa infomático ya es un estructuralista, cuando no es así.
“Lo recomendable es que quien quiera ser un estructuralista real debe realizar su maestría de dos años, porque simplemente habrá detalles que un ingeniero normal no entederá y un estructuralista sí”, dice Morrrison.
“Es lo mismo que pasa con la medicina”, agrega. “Tu puedes ser un médico general pero no un cirujano. Aunque ambos tienen conocimiento de lo que pasa, sólo uno podrá enfrentar la situación con un dominio real y con estricta seguridad”.
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