| diariolibre.com 22 de enero del 2010 |
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La pérdida de la senaduría del estado de Massachusetts ha sido un fuerte golpe para el partido demócrata y, muy especialmente, para el presidente Obama.
Si existía un escaño senatorial considerado seguro para los demócratas, ése era el de ese estado. El escaño quedó vacante al fallecer Edward Kennedy, quien lo ocupó durante muchos años gracias a la mística, fantasía y tragedia por las que la familia Kennedy ha sido reverenciada en Massachusetts, a pesar de los escándalos en que han incurrido varios de sus miembros.
Por tres razones la pérdida ha sido dura para Obama.
Era el escaño de Kennedy, símbolo del partido, quien apoyó a Obama en su candidatura presidencial, en contra de Hillary Clinton.
Aunque era una elección local, Obama se involucró personalmente en la campaña, por lo que el resultado equivale a un rechazo para él, al igual que ocurrió con la sede de los juegos olímpicos del 2016, cuando luego de viajar a Dinamarca especialmente para pedir que Chicago fuese la sede, esa ciudad fue la primera de las cuatro finalistas en ser eliminada.
Y los demócratas perdieron el importante voto número 60, necesario en el Senado estadounidense para hacer aprobar proyectos de ley sin demora, entre ellos el ahora incierto de reforma del sector salud, que Obama y Kennedy habían defendido y es uno de los principales objetivos de la administración demócrata.
El problema son los empleos. O, más bien, la falta de ellos.
Con una tasa de desempleo cercana al 10%, los votantes parecen haber considerado que la situación, un año después del inicio de la presidencia de Oba-ma, debía ser mejor. Se sabe que en las recesiones, el empleo es lo último que se recupera. Y la recesión comenzó durante el gobierno republicano de Bush. Pero eso poco importa. Los votantes, después que un presidente está al mando durante un año, tienden a culparlo por todos sus problemas.
gvolmar@diariolibre.com
De Gustavo Volmar
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