| diariolibre.com 19 de enero del 2010 |
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El terremoto de Haití provocó un desastre eminentemente urbano. Su intensidad, poca profundidad y localización se combinaron para causar una gran devastación en Puerto Príncipe.
Muchas edificaciones quedaron destruidas, las calles y avenidas bloqueadas y los centros de importancia política, económica y social arrasados.
Los daños causados directamente por el terremoto sobre otras regiones de Haití han sido limitados. Ciudades como Cabo Haitiano no sufrieron efectos de gran magnitud. Y la producción agrícola tampoco fue dañada por el sismo.
Lo que hay que impedir ahora es que esa tragedia fundamentalmente local se expanda y se transforme en una catástrofe que cubra todo el ámbito nacional. Asuntos como el desplazamiento de personas a otras zonas del país y la falta de orden público tienen que ser atendidos.
La propia ayuda internacional, tan cuantiosa y encomiable, puede provocar problemas. La RD, los EE.UU., Venezuela y muchos otros países se han movilizado. Aviones repletos de productos han llegado desde lugares tan lejanos como Rusia y China. Organizaciones caritativas privadas, comités de ayuda, fundaciones y empresas han enviado artículos de diferente índole.
Pero, como suele ocurrir en estos casos, cada quien está enviando lo que mejor le parece. El resultado es una acumulación desordenada de productos en el aeropuerto y otros puntos estratégicos.
Una parte de ellos serán utilizados por los damnificados, pero otra parte será objeto de comercialización y competirá con la producción local de artículos como alimentos y ropa, que aunque es limitada es el sostén de gran número de familias.
Dado que desde el punto de vista económico el mayor y más difícil reto es restaurar las fuentes permanentes de trabajo y producción, es preciso evitar que la ayuda recibida y la que seguirá llegando pueda obstaculizar la recuperación económica del país.
gvolmar@diariolibre.com
De Gustavo Volmar
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