Los aseguradores lo saben desde hace tiempo. La concentración de actividades económicas encierra graves peligros en caso de desastres naturales.
Los economistas han tardado más tiempo en reconocerlo. De hecho, se ha escrito mucho sobre las "economías" que la aglomeración de actividades permite alcanzar.
Una de ellas es una mejor logística de distribución de mercancías, acompañada por menores costos de transporte, inventarios y almacenamiento.
También una mejor coordinación de decisiones y una más eficiente integración de las diferentes etapas de los procesos productivos.
El internet ha atenuado un poco estas ventajas, pero mayormente para los servicios técnicos, no tanto para las facilidades productivas. Sigue existiendo una tendencia "natural" hacia la aglomeración de actividades comerciales e industriales en reducidas áreas geográficas, por causa de los ahorros en costos que ella implica.
Y a dicha aglomeración sigue una concentración similar de viviendas, de hospitales, escuelas y otros servicios públicos, de actividades culturales y artísticas, de organizaciones de ayuda y rescate, de bancos y otras entidades financieras, de fuentes de energía y almacenamiento de combustibles, y de instituciones gubernamentales.
El terremoto en Haití ha puesto de relieve el peligro que dicha aglomeración significa. Si ese mismo terremoto hubiera ocurrido más lejos de la capital, la devastación hubiera sido mucho menor y la recuperación mucho más rápida.
En la RD existe también una gran concentración de actividades en la zona de Santo Domingo. Como país pequeño no podemos evitar del todo que esto ocurra, pero pueden tomarse medidas discrecionales al respecto. Lo más importante es comprender que la desconcentración no es gratuita, tiene costos que hay que pagar para poder mitigar los efectos de los desastres naturales a que estamos expuestos.
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