Para el gobierno de Hugo Chávez tener que devaluar el bolívar, la moneda venezolana, fue un inevitable revés.
En agosto del 2009, Chávez dijo que esperaría hasta el final de septiembre para decidir sobre el tipo de cambio, pero nada ocurrió. Ya para ese entonces el tipo "paralelo" era tres veces mayor que el oficial.
Con el bolívar sobrevaluado, el gobierno adquiere dólares más baratos de los exportadores y hace que los alimentos y otros artículos de primera necesidad, la mayoría de ellos importados, lleguen a bajos precios a la población.
Como el petróleo constituye la mayor parte de las exportaciones, fue fácil fijar el valor de la moneda, que se mantuvo sin cambio desde el 2005 a 2.15 bolívares por dólar.
Pero el descenso en el precio del petróleo y, sobre todo, el excesivo gasto público, fueron ampliando la brecha entre el tipo oficial y el paralelo.
El mercado paralelo no es realmente ilegal.
El gobierno emite valores en dólares, que pueden ser comprados con bolívares a la tasa paralela, reduciendo así el dinero circulante y bajando la presión sobre el tipo de cambio.
Como la tasa de interés está por debajo de la inflación, la población dejó de ahorrar en bolívares.
Los venezolanos adquieren dólares a la tasa paralela cuando no pueden comprarlos en el mercado oficial, en el cual periódicamente se acumulaban atrasos en la entrega de las divisas.
De un 70% del total importado, el porcentaje transado al tipo oficial bajó al 40%, haciendo que la inflación en el 2009 fuese del 25.1%, la mayor del continente.
En la noche del viernes 8 de enero, mientras la población estaba viendo un importante partido de pelota, el gobierno devaluó el bolívar a 2.6 por dólar para importaciones esenciales y 4.3 para las otras.
El mercado paralelo, donde está a 6.1 por dólar, continuará, y la inflación aumentará, por más que el gobierno quiera impedirlo.
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