Para la Secretaría de Hacienda ese asunto de capitalizar al Banco Central es como tirar dinero en el mar. Dinero con que se podrían hacer muchas cosas, otros metros entre ellas.
Aparte de revelar que el déficit fiscal es mayor que lo que se había estado diciendo, Hacienda quiere que los pagos al BC se hagan "en función de los ingresos disponibles".
Es decir, si hay de dónde pagar se paga, y si no hay de dónde no se paga. Dado que aún antes de la crisis económica el gobierno tenía un déficit fiscal, es previsible que no habrá de dónde pagar.
La mayor parte de la capitalización del BC corresponde a los bonos que emitió a raíz del colapso de los bancos, porque nadie quería recibir valores del gobierno, y los siguió emitiendo para compensar los déficits fiscales.
Para Hacienda los pagos al BC son iguales al subsidio de la electricidad, pero no es así.
Si las Edes y la CDEEE no reciben el dinero, o bien suben la tarifa, o dejan de pagar a los generadores o producen apagones.
Pero el BC, aún sin capitalización, tendrá que seguir pagando los intereses de sus bonos.
Y lo hará emitiendo dinero, provocando inflación y haciendo que el peso se devalúe.
La inflación y la devaluación, a su vez, harán subir los gastos corrientes y el valor en pesos de la deuda externa, elevando el déficit fiscal, aparte de devastar el ahorro y los presupuestos familiares.
El problema es que hay que reconocer que las pérdidas del BC son parte del déficit del gobierno.
El BC no ayudó a su propia causa al negarlo reiteradamente. Tampoco ayudó que la capitalización abarcara todas las pérdidas del BC desde su fundación, en lugar de sólo las que estaban provocando emisiones monetarias.
Es hora de que esa distinción ficticia desaparezca y que el gobierno asuma el compromiso por el total del déficit, aunque sus causas vengan de atrás.
Los gobiernos cambian, pero el Estado no.
gvolmar@diariolibre.com