Cuando ocurre un evento catastrófico, como un huracán o un terremoto, los daños sufridos varían grandemente de un país a otro.
Lo mismo sucede con las recesiones económicas de alcance internacional. Aunque los gobiernos las aprovechan para decir que son las únicas responsables de que aumente el desempleo y disminuya la producción, la realidad es que ellas, al igual que las catástrofes naturales, ponen de manifiesto debilidades existentes que explican por qué países igualmente expuestos a sus efectos sufren perjuicios de muy distinta gravedad.
Una de las mayores debilidades son los déficits fiscales. Desde Argentina a Pakistán y Filipinas, pasando por Nigeria, la RD y Egipto, los déficits existían desde antes de la recesión y limitaron la capacidad de los gobiernos para aplicar políticas compensatorias.
Eso sucede también en Europa, dentro de la zona del euro, y ha dado origen a un nuevo grupo de países del cual ninguno querría ser miembro.
El grupo de los PIIGS está compuesto por Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, por sus siglas en inglés. Sus problemas, que están haciendo bajar el valor del euro en los mercados cambiarios, han sido agravados por sus debilidades fiscales y su gran deuda pública.
En Portugal, la deuda equivale al 77% del PIB. En Irlanda, que ha recibido elogios por sus medidas correctivas, es del 65%. La deuda italiana es del 115% del PIB, pero ha bajado desde el 125% a que llegó en los 1990s. La deuda de España es menor, un 53% del PIB.
Probablemente la situación más grave sea la de Grecia, aquejada por un persistente desempleo, huelgas y manifestaciones callejeras. Su creciente deuda pública, que ya excede el 113% del PIB, fue rebajada de calificación la semana pasada.
Esos países por lo menos tienen un consuelo. Como en ellos circula el euro, la irresponsabilidad fiscal no ha sido acompañada de irresponsabilidad monetaria.
Gustavo volmar
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De Diario Libre