Una de las formas más rápidas y efectivas que una empresa tiene para crecer es por medio de la compra de otras compañías de su mismo ramo. Esto debe hacerse, sin embargo, sin que el comprador arriesgue su solidez financiera.
Hace unos cuantos meses todo estaba listo para que la compañía Porsche adquiriese Volkswagen (VW). Pero esta semana se anunció que VW está comprando a Porsche. El cazador terminó siendo cazado.
Porsche y VW han tenido relaciones estrechas desde hace años, pues han intercambiado tecnología y utilizado partes comunes, como ocurre con el Porsche Cayenne y el VW Touareg, que comparten el mismo chasis.
Dada esa relación, Porsche compró un 18.7% de VW a fines del 2005, para evitar que VW fuese adquirida por otra empresa, pues Daimler-Chrysler, BMW y Renault estaban interesadas.
Una ley alemana daba a un accionista con un 20% del capital de VW el derecho de vetar su compra por otra empresa. Como el Estado tenía el 20.1%, VW estaba protegida. Pero esa ley fue derogada por la Corte Europea de Justicia, obligando a Porsche a elevar al 30.9% su participación en VW en marzo del 2007.
Dada su elevada inversión en VW, Porsche decidió comprarla. En septiembre del 2008 incrementó su participación al 35.1% y en octubre de ese año anunció que se proponía elevarla al 75% en el 2009. En enero del 2009 ya controlaba el 50.8% de VW.
Pero Porsche hizo todas esas compras con dinero prestado. En apenas seis meses sus deudas se triplicaron hasta superar los diez mil millones de euros, cuyo costo financiero excedió su capacidad de pago. Sus dos principales ejecutivos fueron despedidos, pero ya el daño era irreparable.
VW pagó 3.9 mil millones de euros por un 49.9% de Porsche y espera completar la fusión de ambas empresas en el 2011. Se rumora que la marca Porsche quedará sólo para autos deportivos, y que modelos como el Cayenne podrían ser eliminados.
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