Comienza hoy la discusión que el ministro noruego de medio ambiente ha calificado como la más difícil que la humanidad haya llevado a cabo.
Representantes de 190 naciones se reúnen en Dinamarca con la finalidad de detener el aumento global de la temperatura, al que se atribuye provocar inundaciones, tormentas y desertificación.
Hemos expresado anteriormente que si los países subdesarrollados continúan aumentando su nivel de vida, sin un cambio tecnológico y en los estilos de vida es imposible satisfacer la demanda mundial de energía sin que aumente la contaminación atmosférica.
Hay una correlación estrecha entre el PIB por persona de un país y su consumo de energía, la cual proviene básicamente de cuatro fuentes, petróleo, carbón, fisión atómica y gas natural, todas ellas contaminantes de diferentes formas.
Fuentes alternativas, como la energía solar y la eólica, no están en condiciones de sustituir a ninguna de esas cuatro fuentes.
Los países desarrollados pueden comprometerse a reducir su contaminación en un 15% o 20% sin afectar su nivel de vida.
Pueden filtrar algunos gases, modificar vehículos y otros equipos e imponer límites a las emisiones industriales.
Los subdesarrollados pueden mejorar algunas cosas, como la eficiencia de sus plantas de carbón.
China puede ofrecer que sus emisiones serán menores que lo que se ha proyectado serían en el 2020 o 2050, pero eso es diferente a reducir su nivel actual.
Otras naciones ni siquiera pueden llegar a eso, pues para ello habría que pedir a los miles de millones de personas en países como la India, Nigeria e Indonesia que se resignen a permanecer en la miseria.
Unas 15,000 personas, entre delegados, jefes de estado, periodistas y defensores del medio ambiente, han llegado a Dinamarca para la reunión.
Se transportaron en aviones, trenes y automóviles, incrementando la contaminación mundial.
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