Como los programas gubernamentales de estímulo económico han aumentado las disponibilidades de fondos y hecho bajar las tasas de interés a nivel mundial, los inversionistas están a la caza de opciones para colocar su dinero.
Países como Brasil están recibiendo grandes cantidades de recursos provenientes del exterior, lo que hace subir el valor de sus monedas, tiende a generar inflación y disminuye la competitividad de sus productos en los mercados internacionales.
En una columna anterior comentamos que Brasil estableció en octubre de este año un impuesto del 2% sobre las inversiones extranjeras en bonos y acciones, para desalentar la entrada de fondos al país.
Señalamos en esa ocasión que el FMI y otros organismos no favorecen este tipo de medidas, las que consideran pueden ser evadidas. Eso es precisamente lo que comenzó a suceder.
Dado que el impuesto se aplica sobre las inversiones extranjeras en el mercado financiero del país, las empresas brasileñas acentuaron sus captaciones de recursos en los mercados internacionales, obteniendo por esa vía fondos que producen el mismo efecto que las inversiones que habían sido gravadas con el impuesto.
Y no sólo se hizo inefectiva la medida anterior, sino que las bolsas brasileñas de valores se perjudicaron, al ser trasladadas las operaciones a mercados fuera del país.
Ante esa situación el gobierno comenzó a aplicar ayer un impuesto del 1.5% sobre las transacciones en mercados externos respaldadas por acciones de empresas brasileñas.
El gobierno espera de ese modo complementar la medida anterior y detener el alza en el valor de la moneda del país, que ha subido un 34% frente al dólar en lo que va del 2009.
Este tipo de cosas no se da en la RD, que no está entre los países con economías emergentes atractivas, cuyo mercado financiero es rudimentario y cuya moneda no está subiendo de valor.
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