| Diariolibre.com 11 de noviembre del 2009 |
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El 9 de noviembre, en ocasión del vigésimo aniversario del colapso del muro de Berlín, se hicieron muchos reconocimientos.
Fue resaltada la decisión de Gorbachev de no utilizar la fuerza en contra de los manifestantes.
Se reconoció la actuación de Kennedy en 1961 de apoyar a la ciudad reforzando la dotación militar y abasteciéndola posteriormente por vía aérea.
El sindicato polaco "Solidaridad" recibió su cuota de elogios, al igual que el Papa Juan Pablo II.
Se enfatizó la firmeza de los berlineses orientales, que se abalanzaron sobre el muro en forma parecida a como los revolucionarios franceses asaltaron la fortaleza de la Bastilla.
Lo que no se mencionó fue el papel que la economía jugó en el proceso. La prosperidad del oeste, comparada con el retraso oriental, se convirtió en una especie de diferencia creciente de potencial. Eventualmente, esa diferencia terminó superando la resistencia entre los dos polos.
El proceso comenzó realmente en Hungría, donde la resistencia, medida por la represión, era menor. En agosto las autoridades quitaron las barreras en la frontera con Austria, permitiendo que más de trece mil alemanes del este escaparan por esa vía.
La propia construcción del muro fue por razones económicas. Antes del muro, 3.5 millones de alemanes orientales pasaron al oeste, incluyendo grandes cantidades de técnicos y profesionales, jóvenes en su mayoría, causando daños a la economía del este estimados entre diez y veinte mil millones de dólares, a su valor de esa época.
La economía fue también el instrumento para la posterior reunificación del país. El gobierno de Alemania Occidental otorgó un subsidio a los ciudadanos del este para que hicieran compras en el oeste, y estableció la paridad entre el marco y la moneda oriental para fines de salarios, intereses y rentas, liquidando efectivamente la separación entre ambos países.
gvolmar@diariolibre.com
De Gustavo Volmar
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