Mientras una persona enferma se siente mal y tiene dudas sobre su recuperación, suele prometer seguir las recomendaciones del médico y cambiar su forma de vida.
Una vez se siente mejor, se olvida de sus promesas y vuelve a sus viejos hábitos.
Con la General Motors (GM) podría estar sucediendo algo así. Cuando estaba al borde de la quiebra e imploraba por ayuda gubernamental, se comprometió a seguir un estricto programa dirigido a eliminar todas sus divisiones improductivas.
Empresas en dificultades, que no reciben apoyo estatal ni consiguen nuevas inversiones, se ven obligadas a desprenderse de algunas de sus divisiones más rentables para conseguir dinero para seguir operando. Esto así ya que esas divisiones son las que más atraen posibles compradores.
El programa de recuperación de GM, en cambio, gracias a la ayuda del gobierno estadounidense, contemplaba que retuviera sus mejores líneas y vendiera o eliminara sólo las no rentables. Entre estas últimas está la división Opel - Vauxhall en Europa, por cuya venta GM no iba a recibir dinero sino sólo reducir sus pérdidas.
Durante meses se discutió su venta a la compañía canadiense Magna, con el apoyo del gobierno alemán, interesado preservar los empleos de los 50,000 trabajadores de la empresa, la mitad de ellos en Alemania. A Magna se unió luego un banco ruso que supliría fondos para modernizar las instalaciones y facilitaría las ventas de Opel en Rusia.
Ahora GM cambió de parecer. Decidió cancelar la venta y quedarse con la división, la cual estima requerirá unos 4,500 millones de dólares para ser modernizada.
Los trabajadores están descontentos con la decisión de GM, a la que culpan de haber dejado que la división decayera. El gobierno alemán deplora el cambio de actitud. Y las posibilidades de capturar el mercado ruso se alejan ahora. El camino que GM tendrá que recorrer será muy arduo.
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