| listindiario.com 23 de octubre del 2009 |
El Ayuntamiento de Distrito Nacional tiene en carpeta un anteproyecto de ordenamiento territorial para la ciudad de Santo Domingo, el cual pretende organizar el uso del suelo urbano en la Capital Primada de América. Al analizar esta propuesta es fácil advertir algunas inobservancias que de aplicarse pueden ser catastróficas ante el desafío de cómo debe evolucionar la ciudad actual, teniendo en cuenta que está construida sobre una metrópoli antigua.
Santo Domingo fue fundada en 1496 en la margen oriental del rio Ozama y bajo el pretexto de una plaga de hormigas en 1502 fue trasladada a la margen occidental del rio Ozama. Allí permaneció enclavada en el recinto amurallado por siglos.
La ampliación de los caminos a Güibia y Santa Ana, hoy avenida Independencia y Bolívar, motorizaron nuevos ensanches inspirados en el modelo de ciudad jardín.
Sin embargo no pasó lo mismo al norte de la muralla con Villa Francisca, Villa Consuelo, Villa Juana, barriadas que alimentadas por la migración requerida a causa de la tardía industrialización de República Dominicna en el área de la entonces ciudad Trujillo.
Una vez caída la dictadura de Trujillo, la ciudad de Santo Domingo empezó a crecer de manera espontánea y descontrolada, a un grado que para el 2001 llegó a albergar más de un tercio de la población del país, y con una tasa de crecimiento de un 2.8%, con una extensión territorial indefinida, que abarcaba desde San Cristóbal hasta Boca Chica.
Esta situación provocó la aprobación de la ley 163-01, la cual creó la provincia de Santo Domingo, con sus tres municipios, y el Distrito Nacional, confinado a 94 kilómetros cuadrados sin posibilidad de expansión longitudinal.
Como podemos ver, el crecimiento y mutaciones de la ciudad han estado provocadas por la interacción de aspectos económicos, demográficos, socio-políticos y culturales, que de manera permanente han estado y estarán definiendo la morfología del Distrito Nacional, y que cualquier intervención municipal de planificación lejos de tratar de suprimir sólo puede aspirar a dirigir o encausar cualquiera de estos aspectos, asegurando un clima de desarrollo citadino en el marco de un equilibrado gobierno municipal.
Entendemos que la iniciativa del ayuntamiento de crear un plan de ordenamiento territorial es una iniciativa necesaria por demás, aunque lo primero que debe existir es un profundo análisis de las variables que componen la morfología física y abstracta de la ciudad, en el marco de su organización política, económica, cultural y social, para en consecuencia definir una visión de ciudad.
Desafortunadamente la propuesta edilicia actual no presenta ninguna visión de ciudad ni se plantea en qué ciudad se pretende convertir, pues al parecer no se entienden que las normativas son un medio para alcanzar un objetivo, y no siendo las normativas un objetivo sí.
Por otro lado, la ciudad de Santo Domingo está compuesta por tres circunscripciones. Este plan urbano sólo se enmarca en la circunscripción electoral #1, dejando fuera de atención, más del 60% del territorio útil de la ciudad. Esto es contraproducente pues la única posibilidad de expansión de la ciudad está en la reingenierización de los terrenos de la parte alta de la Capital propiamente en las circunscripciones #2 y #3 por la baja densificación que presentan sus lotes, y el ayuntamiento lejos de aprovecharlos los ignora.
Otro aspecto que llama la atención es que el plan no da respuesta al caótico transito en el Distrito Nacional, ni define cuál será el nivel de optimización de los predios de la ciudad, a partir de la movilidad urbana que generan el corredor Duarte como el Metro de Santo Domingo, las que son oportunidades únicas para iniciar un proceso colectivización del transporte, para la descongestión futura de las calles capitaleñas.
Una interrogante que salta a la vista es que este plan no dice cómo resolver el impacto en el casco urbano de la ciudad, la inserción de usos de suelos traumáticos para el desenvolvimiento ciudadano como son las edificaciones educativas, funerarias, hospitales, hoteleras, comercios, entre otras. Esto sin hablar de la necesidad de generación y ampliación de aceras para la ciudad capital.
El renglón medio ambiental es otro que no es tratado en esta propuesta, pues no se plantea cuál es la posición urbana de la ciudad ante eventos climáticos y desastres naturales o cómo reaccionará ante el necesario saneamiento de las riveras del Ozama e Isabela, pero tampoco cómo actuará el Distrito Nacional para la creación de nuevas aéreas naturales, para que la mancha verde de la ciudad se agrande y los niveles de temperatura y pureza de aire mejoren.
Al auscultar esta propuesta se nota que los únicos parámetros tomados en cuenta para su ponderación han sido la densificación por hectáreas, la sección de la vía y los linderos y retiros de las edificaciones, dejando al margen los índices de crecimiento de la población, aspectos socio-económicos como el crecimiento o decrecimiento económico, la presencia de un patrimonio monumental de la humanidad como lo es la Zona Colonial.
Y en adición este plan no plantea cuál será el nivel de coordinación interinstitucional del Gobierno, instituciones descentralizadas y de cooperación internacional; por ejemplo, cómo vincular este plan con la política habitacional de la nación para que el capitaleño concretice el derecho constitucional de un hecho propio o cómo responde este plan ante la necesidad de facilitar la participación del sector privado en las solución de los problemas de la ciudad para garantizar un desarrollo sostenible.
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