El sector de la aviación comercial ha sido uno de los más afectados por la crisis económica.
El alza del precio del petróleo el año pasado obligó a las aerolíneas a reducir sus rutas, cancelar empleados, cerrar oficinas y dejar sin uso parte de sus flotas de aviones. Varias empresas quebraron y otras se fusionaron.
Luego vino la caída en las ventas, tanto por la disminución en el turismo como por la reducción en los viajes corporativos, especialmente perjudicial debido al mayor margen de beneficio en las tarifas de negocios.
Las aerolíneas, enfrentadas a una intensa competencia, están aplicando mecanismos de reducción de costos, entre ellos la introducción de nuevos modelos de aeronaves, los cuales han tenido serios retrasos.
El avión gigante de Airbus, el A380 de dos pisos, diseñado para desplazar al 747 de Boeing, ha tenido tantas demoras que varios pedidos han sido cancelados y su costo de producción ha subido.
Por otro lado, la fecha de entrega del principal proyecto que Boeing tiene en ejecución, el 787 "Dreamliner", ha sido pospuesta varias veces por dificultades técnicas.
Y, obviamente, si no hay entregas de aviones no hay dinero para los fabricantes.
Los retrasos han lesionado más a Boeing que a Airbus. Ayer, Boeing informó que perdió 1,560 millones de dólares en el tercer trimestre del 2009, comparado con un beneficio de 695 millones en esos mismos tres meses del 2008.
Debido a que Boeing ha modificado mucho el diseño original del 787, los tres modelos de prueba construidos no podrán ser vendidos, causándole una pérdida de 2,500 millones. Aún así, la empresa espera tener un beneficio durante el año 2009 completo.
Boeing intenta volver a ser el mayor fabricante de aeronaves comerciales, lugar ahora ocupado por Airbus. Ambas compañías mantienen una cerrada competencia y anticipan entregar unas 485 aeronaves cada una en el año 2009.
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