Hace poco se conmemoró un nuevo aniversario de la fundación de la República Popular China. Hubo un impresionante despliegue de fuerzas militares, inauguraciones de obras y elaborados festejos. Y los líderes pronunciaron elocuentes discursos.
El pueblo en general tuvo una muy limitada participación en los actos celebrados, los cuales estuvieron reservados para las autoridades y sus invitados especiales.
Pero sí pudieron escuchar los discursos, en los que invariablemente se elogió la figura de Mao Zedong, el fundador y "gran timonel" de la revolución, cuya foto dominó los escenarios y los reportes periodísticos.
Muchos líderes optaron incluso por vestir el tradicional y uniforme traje de Mao, probablemente desempolvado para la festividad.
Si Mao viviera, sin embargo, es muy posible que denunciara la China actual, con su consumismo, sus nuevos millonarios y su rampante capitalismo, como la antítesis de sus ideas. En particular quedaría estremecido por el hecho de que China es hoy el mayor proveedor de fondos del gobierno estadounidense. Fondos con los que se han rescatado los grandes bancos y se financia el aparato militar.
En un informe del pasado viernes 16 de octubre, la Tesorería de los EE.UU. reveló que al cierre de agosto inversionistas extranjeros eran propietarios de 3.45 millones de millones de dólares, un nivel sin precedente, reflejando un aumento del 12% desde diciembre del 2008.
De esa cifra, los chinos tienen 800 mil millones de dólares, un 23%, habiendo adquirido 15 mil millones sólo en el mes de agosto.
En los primeros ocho meses del 2009, la Tesorería ha vendido 1.57 millones de millones de dólares en valores, en comparación con "apenas" 631 mil millones durante el mismo período del 2008.
De lo vendido en este año, inversionistas extranjeros han comprado el 44%.
Las autoridades chinas recuerdan a Mao, pero sólo en sus discursos.
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