Para los bancos que operan en mercados financieros desarrollados, captar depósitos y hacer préstamos con el dinero recibido hace tiempo que dejó de ser su negocio más atractivo.
Otras operaciones desplazaron esa función tradicional.
Una de ellas es la banca de inversión, por medio de la cual se manejan recursos del público, individuales e institucionales, y se invierten en títulos de muy variada índole, con diferentes niveles de riesgo y rentabilidad.
La banca de inversión fue la primera víctima de la crisis financiera que comenzó con los préstamos hipotecarios y provocó la caída de los valores sustentados en hipotecas.
Los más connotados bancos de inversión desaparecieron o fueron adquiridos por otros bancos.
Pero ahora es la banca de inversión la que está dando beneficios a los bancos, mientras las operaciones crediticias tradicionales arrojan pérdidas.
Así lo demuestran los resultados de los grandes bancos.
JPMorgan Chase, el más exitoso de todos, que pasó la crisis sin pérdidas en ningún trimestre, ganó 3,600 millones de dólares en el tercer trimestre del año gracias a la banca de inversión, a pesar de haber reservado dos mil millones para pérdidas en sus créditos de consumo.
Citigroup tuvo un beneficio de cien millones, pero perdió 8,000 millones en sus préstamos. Contando los pagos que tiene que hacer por acciones preferidas, Citigroup tuvo una pérdida de 3,240 millones en el tercer trimestre.
Bank of America, con un peor resultado, perdió mil millones en el trimestre, debido a 9,900 millones en pérdidas en sus préstamos y 2,100 millones en aumentos de reservas. Contando los pagos a las acciones preferidas, la pérdida sube a 2,240 millones.
El que la banca de inversión haya vuelto a florecer mientras la tradicional languidece, muestra que esta última refleja mejor las condiciones actuales de desempleo y caída de las ventas.
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