En nuestra columna anterior expresamos que si no existiera el privilegio casi monopólico de importación de combustibles, la venta a Venezuela del 49% de la refinería no sería motivo de preocupación.
A pesar de los ataques verbales, expulsiones de embajadores y nacionalizaciones de compañías hechos por el presidente Chávez, Petróleos de Venezuela (PDVSA) es propietaria de una de las mayores empresas de importación, refinación y distribución de combustibles y lubricantes en los Estados Unidos.
Fundada en 1910, la compañía Cities Service comenzó como un suplidor regional de gas y electricidad, creando la primera red estadounidense para el transporte de gas presurizado a gran distancia. A partir de 1914 comenzó a hacer exploraciones petroleras en los EE.UU., descubriendo importantes yacimientos.
Su combinación de operaciones petroleras con servicios de gas y electricidad terminó cuando en 1935 el Congreso estadounidense prohibió que una misma compañía hiciera ambos tipos de operaciones. La empresa decidió quedarse con el negocio petrolero.
La segunda guerra mundial favoreció el crecimiento de la compañía y su diversificación hacia productos petroquímicos para uso militar. Posteriormente amplió sus operaciones a nivel internacional. En 1983 cambió su nombre a CITGO y en 1986 el 50% de sus acciones fue vendido a PDVSA, que compró el otro 50% en 1990.
Por instrucciones del presidente Chávez, CITGO provee petróleo para calefacción a precios de descuento a familias pobres en los EE.UU., lo cual ha sido objeto de una extensa campaña publicitaria. Aunque rumores han sido puestos a circular sobre una supuesta mala calidad de la gasolina que distribuye, las diferencias políticas no han impedido las operaciones de la empresa.
Por supuesto, CITGO no domina el mercado estadounidense ni disfruta de ningún monopolio o privilegio de importación.
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