Antes mencionamos que la localización de la República Dominicana y sus diferencias con los países y territorios vecinos le crean un cierto grado de indefinición geográfica, lo que podría cambiar si Cuba se transforma en una economía de mercado.
Cuba ha estado segregada no sólo de la Organización de Estados Americanos, sino también del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Su sistema económico estatizado ha persistido a pesar del bloqueo estadounidense, del colapso de la Unión Soviética y del nuevo capitalismo chino.
La incidencia sobre la RD de una eventual liberalización económica cubana dependerá de la forma en que ocurra, pero de seguro que será muy significativa. Ya las vinculaciones económicas de Cuba con Europa, China y otros países son intensas y han estado aumentando.
No así con los Estados Unidos, que daría a Cuba ayuda económica y técnica, fondos de inversión y facilidades comerciales por lo menos equivalentes a las del DR-Cafta.
La RD, que por sus ineficiencias y mayores costos de producción no ha podido competir eficazmente con Centroamérica, tendría entonces que lidiar con Cuba, que nos aventaja con sus recursos humanos calificados, sus servicios públicos y su organización administrativa.
La transición para Cuba no será fácil, sin embargo. Su cultura empresarial es muy limitada, pues la economía ha sido centralmente controlada. Las empresas públicas no están preparadas para competir libremente y su privatización podría provocar el mismo tipo de trastornos por los que atravesaron Rusia y los países de Europa del Este.
Habrá miles de litigios judiciales por causa de expropiaciones no compensadas de propiedades. Y la reintegración y participación de los cubanos exiliados y sus descendientes puede ser traumática.
De cualquier forma, el proceso cubano encierra para la RD muchos interrogantes.
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