Se ha dicho muchas veces que la ubicación geográfica de la RD, en medio del Caribe, entre Norteamérica y Sudamérica, en las rutas de transporte de carga y pasajeros, nos otorga una gran ventaja comercial y turística.
Se citan menores costos de transporte, facilidades de almacenamiento y centros de mantenimiento y soporte tecnológico. Pero esa localización geográfica tiene el inconveniente de que no pertenecemos a una zona geográfica definida.
No estamos en América del Sur, por supuesto. Firmamos junto a Centroamérica el tratado DR-CAFTA, pero no somos parte de los demás mecanismos de esa región, como el Sistema de Integración Centroamericano, lo que hizo que se nos excluyera de la reunión con el vicepresidente Biden.
Estamos vinculados al Mercado Común del Caribe (Caricom) y a las preferencias que la Unión Europea concede a las más pobres de sus antiguas colonias, pero tenemos muy poco en común con las islas del Caribe inglés o francés, Jamaica, Trinidad y las demás. Tampoco formamos parte de América del Norte, con Canadá, México, Bahamas y los EE.UU.
Puerto Rico tiene una situación radicalmente diferente a la nuestra. Compartimos la isla con Haití, pero nos separan consideraciones históricas, económicas y culturales, al punto que muchos dominicanos perciben esa proximidad geográfica como una desventaja y como fuente de varios de nuestros principales problemas.
Aún en las Naciones Unidas nos ubican entre los estados "insulares", junto con Polinesia y otros lugares exóticos.
Nos queda Cuba. La situación política de ese país con su alineamiento con la otrora Unión Soviética, su economía estatizada y su aislamiento formal de los organismos regionales, han impedido que hayamos convenido posiciones comunes y compartido una identidad geográfica.
Eso puede cambiar próximamente, lo que nos ofrecerá oportunidades, pero también desafíos.
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