La economía dominicana presenta una característica inquietante. Sectores "productivos", especialmente la agropecuaria y la industria manufacturera, han quedado rezagados respecto de otros como el comercio, las telecomunicaciones y los servicios financieros.
Entre las cifras que se utilizan para poner de manifiesto esa situación están el comportamiento de la actividad de cada sector, su participación porcentual en el PIB del país y el crecimiento de los préstamos que los bancos les han otorgado.
La conclusión lógica es que se debe actuar para que esas cifras cambien. Lo que no es tan evidente es cómo hacerlo. En lo que atañe al volumen de los créditos, las autoridades monetarias han venido bajando las tasas de interés y han dispuesto reducciones en el "encaje legal" de los bancos a fin de lograr que se incrementen los préstamos. A pesar de esas medidas hay quejas de que los préstamos no son suficientes, aún cuando el propio Banco Central ha mencionado que los bancos disponen de una amplia liquidez (unos 20 mil millones de pesos). Luce como si los bancos no quisieran prestar a esos sectores.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la baja en las tasas es general, y beneficia más a los préstamos comerciales y de consumo (que son más rentables) que a la producción. Se pasa por alto, además, que los préstamos son más un síntoma que una causa.
Los bancos trabajan con dinero ajeno y sólo prestan si tienen una expectativa razonable de recuperar el dinero. Y esto sólo ocurre cuando los prestatarios pueden usar los fondos para producir bienes y servicios para los cuales hay demanda (local o externa) a precios que les permiten cubrir sus costos (incluyendo intereses) y dejarles una ganancia.
Como se demostró en los EE.UU. en el 2008, bajar intereses y suplir liquidez no hará que desaparezcan las causas que provocan los síntomas.
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De Gustavo Volmar