Plan de derechos humanos
Las economías de los países socialistas eran guiadas por planes gubernamentales que establecían los pormenores de todo lo que iba a producirse y a qué precio se vendería.
Se preparaban para diferentes plazos y eran revisados periódicamente. El énfasis se ponía sobre los volúmenes de producción, y los encargados de distritos y directivos de fábricas se empeñaban en cumplir y exceder los objetivos, pues de ello dependía su promoción a otras posiciones más altas dentro de la jerarquía administrativa.
Los incentivos para la mayoría de los trabajadores eran mucho menos interesantes. Para unos pocos quizás una condecoración, o un mejor apartamento o unas vacaciones en un hotel o una villa propiedad del Estado.
La calidad de los productos, más difícil de medir, era por lo regular muy baja. Y la coordinación entre fábricas un tremendo problema, al igual que el transporte a tiempo de las mercancías.
Los servicios públicos eran notables por su ineficiencia y la forma displicente en que eran brindados.
La esencia de ese mecanismo ha desaparecido debido al crecimiento del sector privado, excepto en Corea del Norte y otros pocos lugares.
China, aún oficialmente socialista, presentó ayer un nuevo plan de dos años, no económico, sino de derechos humanos.
El plan busca proteger a las minorías, las mujeres, los desempleados y los discapacitados. Condena las detenciones ilegales y los métodos abusivos de interrogación.
Aunque es poco específico, se considera un avance en comparación con la situación actual, en que los juicios duran apenas dos o tres días, el número de ejecuciones de prisioneros condenados a muerte se mantiene secreto, y cinco detenidos han muerto en el último mes en circunstancias oscuras.
El plan señala, sin embargo, para que no haya duda, que elevar el nivel de vida sigue siendo el objetivo primordial de las autoridades.
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