| Diario Libre 3 de abril del 2009 |
 |
 |
Gratitud del FMI
El Fondo Monetario Internacional (FMI) atraviesa por una crisis de identidad. Durante años actuó como un bastión de la ortodoxia financiera.
Sus recetas, aplicables a los países que apelaban a su ayuda, eran siempre básicamente las mismas. Proponía aumentar impuestos o bajar gastos públicos para reducir los déficits fiscales.
Sugería eliminar controles de precios y restricciones al libre mercado. Y promovía devaluaciones cambiarias para corregir desequilibrios de balanza de pagos.
No importaba que sus recetas crearan desempleo, disminuyeran los servicios públicos, aumentaran el costo de la vida y ampliaran las desigualdades sociales. Era insensible a esas consecuencias.
Sus sugerencias pesaban mucho. De su aceptación dependía el desembolso de sus préstamos y de los del Banco Mundial. Dependía también la calificación de riesgo aplicada a los valores que los países emitían y, por ende, su costo.
Y dependían los acuerdos de reestructuración de deuda con el "Club de París" y otros acreedores.
El crecimiento económico mundial en la primera mitad de la presente década perjudicó al FMI. Brasil y otros países le pagaron sus préstamos por adelantado.
Sus consejos eran desoídos. Sólo unos pocos países siguieron necesitándole y haciéndole caso, entre ellos la RD, que por un tiempo fue uno de sus dos más importantes "clientes".
Después del 2007 el FMI cambió sus recetas. Comenzó a promover el gasto social y los programas de estímulo económico, aún a expensas del equilibrio fiscal.
Los clientes han vuelto a tocar sus puertas, incluyendo ahora países europeos. Para atender las nuevas solicitudes pidió que su capital fuese duplicado.
Y encontró apoyo en Europa, China y otros lugares para actuar como contrapeso de las decisiones unilaterales estadounidenses.
Quizás el FMI agradezca a la RD la importancia que le dimos cuando casi nadie lo hacía.
gvolmar@diariolibre.com
 |
|