| Listin Diario 11 de febrero del 2009 |
BONAO, Monseñor Nouel.- La singular pigmentación rojiza de la tierra se mezcla con el verdor del bosque en el imponente paisaje de la principal central minera que opera en territorio dominicano, pero el ruido habitual del proceso de producción ya no se oye como antes y sólo el humo intermitente de una generadora parece testificar la permanencia de las personas que aún conservan sus trabajos.
Para la Falconbridge Dominicana el 2008 no fue un buen año. La caída del precio de los metales en el mercado mundial, provocada por una crisis financiera en EEUU y la consecuente contracción de las principales economías del planeta, obligó a la multinacional anglo-suiza Xstrata a anunciar en septiembre pasado el cierre temporal de su subsidiaria, y al despido de 900 trabajadores cuatro meses más tarde.
Impacto
“El impacto del cierre de la compañía se vio primero en la generación de divisas. En segundo lugar en el no pago de impuestos, lo que repercute en los ingresos del gobierno, y en el aumento del desempleo en los lugares donde operamos y la merma en el movimiento económico en la zona”, explicó a LISTÍN DIARIO Luis Rosado, director de relaciones públicas de la Falconbridge, la minera que en sus mejores momentos aportó hasta el 9% de las recaudaciones fiscales.
En realidad, el valor de las exportaciones del país hacia EEUU se desplomó en -4.2% durante los primeros seis meses de este año, afectado principalmente por la caída de 23.5% en las ventas de ferroníquel y de textiles y confecciones de zonas francas.
Lo que empezó en el 2007 con un exceso de liquidez en los bancos norteamericanos y una fiebre inmobiliaria que estalló el año pasado para hundir al sistema financiero internacional, contrajo las economías mundiales y provocó la caída de los precios de materia prima por la reducción de la demanda.
Algunas de las consecuencias a las que hace referencia Rosado se notan también en el informe del Banco Central sobre la economía dominicana enero-septiembre del 2008, donde indica que el saldo global de la balanza de pagos fue negativo en US$261.1 millones, cubierto casi en su totalidad con reservas internacionales del propio banco.
Para septiembre del 2008, según la Secretaría de Hacienda, la deuda pública registró un incremento de US$472.6 millones con relación al año anterior, al ubicarse en US$9,041.7 millones, mientras que la deuda externa aumentó US$283.5 millones, al pasar de US$7,566.5 millones en 2007 a US$7,850 millones el año pasado.
Pero no siempre las cosas fueron tan malas.
Luis Manuel Piantini, ex gobernador del Banco Central y actual representante dominicano ante la Organización Mundial de Comercio, dice que desde el siglo pasado los períodos 1935-54, 1968-77, 1992-2001 y a partir del 2005 (sin considerar la crisis actual) han sido de prolongada estabilidad de precios y cambiaria, con continuo y elevado crecimiento del promedio anual del PIB. La razón, agrega Piantini, la vigencia de mesuradas y coordinadas políticas fiscales y monetarias.
Pasos correctos
“Han sido períodos de profundos cambios institucionales que modificaron la aplicación de las políticas económicas a través de la ejecución de reformas que flexibilizaron e hicieron más eficientes sus manejos, estimulando el ahorro y la inversión privada con el desarrollo de nuevos sectores productivos que han diversificado la generación de ingresos y que han llevado a la economía dominicana a ser menos vulnerable a las crisis externas”, explicó el experto a LISTÍN DIARIO.
Roberto Cassá, director del Archivo General de la Nación, coincide con Piantini al afirmar que en los años setenta surgió un sector privado industrial que no existía, y que entre 1969 y 1973 se produjo el más rápido crecimiento económico jamás registrado en la historia nacional, sobre el 11% según estadísticas del Banco Central.
Sin embargo, otra vez factores externos influyeron en el buen ejercicio económico del país, como las crisis del petróleo de 1973 y la de 1979, que se complicaron, según Cassá, debido a otras circunstancias internas como las enormes facilidades otorgadas por el fondo FIDE, el agotamiento del dinero y la saturación del mercado interno.
“El país no era capaz de producir bienes de capital; el motor era una industria para la sustitución de importaciones que luego entró en crisis”, agregó el historiador.
Luego vino lo que todos conocen como la década perdida.
Como señala “60 Años de Política Monetaria”, un libro del Banco Central esencial para conocer la evolución económica dominicana, en los funestos años ochenta la economía nacional apenas creció un 1.3% (salvo en el 83 cuando fue de 3%, y 8% en 1987) arrastrada por el decrecimiento de las principales economías del mundo que se contrajeron hasta un 2.9%, y por la drástica caída del comercio mundial de un 3.1%.
La recesión finalmente se instaló en República Dominicana en 1990 provocando una contracción de la economía de -5.4% (que continuó en el 91 con -1%), la devaluación de la tasa de cambio oficial de hasta 79%, una inflación de 80% y la fuga de capitales por un monto de 171 millones de dólares.
Tras ese año aciago, como recuerda el director del Archivo General de la Nación, el Estado facilitó las importaciones y el movimiento de capital, y empezó la expansión de los servicios, con el turismo en primer lugar, aunque también crecieron las zonas francas gracias a la iniciativa impulsada por el presidente Ronald Reagan, en Estados Unidos, sin contar las remesas, producto de la migración de los dominicanos.
Otra vez
La contracción de los años ochenta también afectó las operaciones de la Falconbridge, que en 1982 tuvo que tomar una medida similar a la del año pasado. En esa ocasión, según su director de relaciones públicas Luis Rosado, la compañía tuvo que asumir las pérdidas y esperar a que las condiciones del mercado mejoraran.
Pero probablemente los años ochenta también dejaron otra lección sobre el gran problema de la dependencia.
“Nosotros somos el país de América Latina más dependiente de la energía importada. Colombia tiene carbón, Centroamérica tiene energía hidráulica, todos tienen alguna forma de financiar aunque sea parcialmente sus necesidades de energía. República Dominicana tiene apenas un 15 por ciento de energía hidráulica, todo lo demás es importado”, dijo a LISTÍN DIARIO Carlos Despradel, ex gobernador del Banco Central.
El experto explica que entre 1969 y 1974 el crecimiento promedio de la economía dominicana fue de 10% debido, entre otros factores, a que el petróleo se situó en apenas tres dólares por barril. Cuando se inició la década de los ochenta, agregó Despradel, el valor del crudo subió de 12 a 36 dólares hasta 1985, y bajó a trece coincidiendo con el gobierno de Balaguer, quien pudo reactivar la economía gracias al ahorro de divisas.
Los aumentos constantes del valor del precio del petróleo provocaron a la larga que el pago que debía destinar el país por ese concepto aumentara de 200 millones a 500 millones de dólares todos los años (la factura petrolera en el 2008 fue de US$6,500 millones), lo que según el experto derivó en el endeudamiento externo, fundamentalmente porque el país no tenía suficientes divisas.
“No hay genialidad en todo esto; si no tienes con qué pagar las importaciones se tiene que parar la economía”, concluyó el ex gobernador del Banco Central.
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