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Diario Libre 13 de Noviembre del 2008

¿competitividad hotelera sin energía?

Tal vez porque no están blindados contra las crisis, los hoteleros están esputando alaridos de dolor con respecto a los altos costos de la energía que consumen.

Alegan con insistencia que los costos actuales erosionan la rentabilidad hasta el punto de que ya sus inversiones no son competitivas. Lo peor es que depender exclusivamente de la red nacional podría ser la salvación, pero eso no parece ser posible, frente a la desastrosa situación del sistema eléctrico. Parecería que la prolongación del viacrucis socava peligrosamente la salud del principal sector de la economía.

Es verdad que los hoteleros del Caribe tienen en los costos energéticos uno de sus grandes desafíos. Un estudio del 2006 de la Caribbean Hotel Association, CHA, ("Taxation and Operating Costs for the Caribbean Hotel Sector") señala que las tres áreas mas calamitosas para los hoteles de la región son la electricidad, los impuestos y la burocracia gubernamental.

Los datos fidedignos sobre los costos de operación no son fáciles de conseguir, pero por su lado PKF Consulting, en su análisis sobre la situación de la industria hotelera regional en el 2007, confirma que, en promedio, los energéticos representaron un 7.3% del total de los ingresos, mientras en Estados Unidos solo fueron de un 3.6%.

En la RD se confronta una situación sui generis. Según el estudio de la CHA, mientras para la mayoría de los destinos caribeños el costo de operación proporcional más significativo es la mano de obra (27%), nosotros tenemos los menores costos en ese renglón.

Pero mientras Trinidad tiene los menores costos energéticos, los de la RD figuran entre los más altos (con Jamaica de compañía), estimándose entre el 15 y el 20% en promedio actualmente. Estos altos costos energéticos, por supuesto, no se compadecen con la realidad de que somos el destino más barato del Caribe y de que podríamos ser aún más competitivos (en cuanto a la rentabilidad de las inversiones) si esos costos pudieran reducirse.

No es que el turista de masas consuma más energía. Sus exigencias en cuanto a iluminación, sistemas de climatización, refrigeración, motores, elevadores, lavandería, etc. son prácticamente las mismas que las del turista de mayor poder económico.

La razón de los más altos costos en la RD es sencillamente porque el kilowatt/hora sale más caro. Según dicen los entendidos, esto es así porque 1) la electricidad que suministra la red nacional es muy cara, sin ser suficiente, y 2) las plantas propias representan para compensar los apagones son costos adicionales que resultan onerosos.

Para colmo, algunos de los productores privados que suministran energía directamente tienen el precio del kilowatt/hora casi al doble o al doble de lo que pagan los consumidores residenciales del sistema eléctrico.

El manojo de razones de este berenjenal es variopinto. Al igual que algunos productores privados de las zonas turísticas, algunas de las plantas propias usan combustibles caros para la generación (p.ej. gasoil) y su limitada escala de operaciones encarece el suministro.

En otros casos, la combinación entre el fluido que suple la red nacional y el de las plantas propias también sale muy cara. Y es fama que aún aquellos hoteles que logran suplir sus necesidades por generadores de la red nacional --ya que por el tamaño de su demanda califican para ser usuarios no regulados-- también deben pagar sobrecargos a las distribuidoras que resultan en tarifas poco competitivas.

Son varias las opciones que tienen los hoteleros para confrontar esta situación. La primera es la conservación, la cual exige un entrenamiento del personal para ser efectiva, pero eso no bajaría los costos sustancialmente. La segunda es el uso de tecnologías que generan energía más barata (solar, eólica, marina, etc.), pero eso requeriría de una reconversión con una apreciable inversión inicial. La tercera es la de incursionar en el negocio de la energía ellos mismos y, de manera colectiva, acometer la inversión en plantas más eficientes que eliminen a los intermediarios. Pero todas estas opciones requieren tiempo y conllevan una considerable inversión de capital.

Aún en ausencia de análisis comparativos que pudieran arrojar datos confiables, la intuición sugiere que lo más conveniente para la hotelería es que la red nacional supla todas sus necesidades.

Los hoteles no califican para la tarifa subsidiada, pero a un promedio de US$0.22 el kilovatio/hora, la tarifa que paga el consumidor residencial, se reduciría la factura energética sensiblemente. Si los hoteleros hacen uso del privilegio que le otorga la legislación vigente como usuarios no regulados, y acuden directamente a los generadores, el costo energético podría bajar aun más. Pero para esto último tendrían que conseguir el apoyo de unas autoridades que modificaron la Ley 125-01 para hacer más cara esta opción.

No cabe duda de que la competitividad de la inversión hotelera está hoy en una gran encrucijada. Puesto que el embrollo del sistema eléctrico nacional parece ser un ovillo muy difícil de desenredar, las perspectivas no son nada buenas en este aspecto.

Por eso los hoteleros deben propugnar militante y diligentemente, al igual que los demás empresarios del CONEP, por una gran solución a la crisis nacional que traiga tarifas más competitivas. Pero también deberán acudir a las demás alternativas, ya que en la actual coyuntura no se vislumbra otra cosa que no sea más apagones.