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10 de Septiembre 2008

Resumen Ejecutivo del "Informe sobre Desarrollo Humano República Dominicana 2008 VI

Las tres actividades que han constituido los ejes de inserción de la sociedad dominicana a la economía mundial en el proceso de globalización reflejan tres patrones diferentes de concentración espacial.

El turismo es una actividad adscrita al territorio costero-marino y se ha concentrado en dos provincias: La Altagracia y Puerto Plata. Esta distribución responde a la naturaleza de la actividad y a un efecto de aglomeración.

Las zonas francas están esparcidas por todo el país, pero concentradas en tres provincias: Santiago, Santo Domingo/Haina y San Pedro de Macorís. Esta concentración responde a las externalidades positivas que se desprenden de la aglomeración.

Las remesas están más equitativamente distribuidas en el territorio. El Gráfico V.1 muestra la proporción de la población total que le corresponde a cada provincia y la proporción de hogares receptores de remesas que corresponde a cada una de ellas. En términos generales, la distribución de los hogares receptores de remesas es muy parecida a la distribución de la población, con un coeficiente de correlación casi perfecta de 0.97%. Para las tres provincias más pobladas, la proporción de hogares que reciben remesas es más alta de lo que se esperaría dada su población y para las diez provincias menos pobladas, la proporción de hogares que reciben remesas es más baja de lo esperado. El Mapa V.1 muestra la distribución de las actividades turísticas, las zonas francas y las remesas en el país, observándose el nivel de concentración y distribución espacial.

Este informe busca entender el desarrollo humano desde una perspectiva local, lo cual implica entender el uso del territorio como condicionante de la construcción social del espacio. Lo que las personas pueden ser o hacer difiere de un área geográfica a otra. Esto no sólo sucede por las diferencias de recursos en el territorio, sino también por la forma en que la dinámica económica, social e institucional subyacente en la acumulación de capital ha ordenado las oportunidades, organizado las instituciones, explotado los recursos y acumulado capital social en el territorio nacional. El reconocimiento y la identificación de estas diferencias regionales, provinciales y municipales es la base para diseñar intervenciones a fin de ampliar las opciones humanas.

El presente capítulo explora las desigualdades en el territorio, tratando de entender la situación actual y las dinámicas que han llevado a esta conformación.

En la literatura económica, la cuestión territorial y espacial ha tomado una gran relevancia con los procesos de globalización y la aceptación creciente de la idea de que el desarrollo y la competitividad tienen un carácter localizado.

El territorio es la base de ciertas potencialidades de desarrollo de una zona. Esas potencialidades están ahí y su explotación dependerá del modelo adoptado y de las fuerzas sociales que actúan en la zona, que construyen un espacio social e influyen en la localización de las actividades económicas. El vínculo entre desarrollo económico y territorio ha tomado diferentes direcciones 1:

• La Nueva Geografía Económica2 (NGE), asociada a Krugman3, parte del concepto de que el crecimiento regional obedece a una lógica de causalidad circular, a una cadena en la que los encadenamientos hacia atrás y hacia delante de las empresas conducen a una aglomeración de actividades que se autorefuerzan progresivamente.

Este proceso tiene límites porque llega un punto en que las fuerzas que conducen a la aglomeración comienzan a ser compensadas por fuerzas que la contrarrestan, tales como los costos de la tierra, transporte y las deseconomías externas (congestión y polución). La interacción de estos dos tipos de fuerzas moldea la estructura espacial de una economía con una tendencia a la divergencia regional.
• Otro enfoque explica el desarrollo localizado por la especialización flexible4 basada en pequeñas empresas con fuertes redes de cooperación, relación estrecha con la comunidad y economías de la aglomeración que permiten crear un entorno innovador y eficiente. Este enfoque enfatiza las externalidades no comerciales.
• Un tercer enfoque analiza el desarrollo regional partiendo del análisis de competitividad por países y regiones. Este enfoque está asociado a Porter5 y al concepto de competitividad sistémica, formulado por Esser y otros,6 y retomado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), siendo ampliamente debatido en el capítulo II del Informe Nacional de Desarrollo Humano, República Dominicana 2005.

La idea de “cluster”7 se fundamenta en el hecho de que la aglomeración de empresas en un espacio determinado genera ciertas economías externas, localizadas, que contribuyen a reducir los costos de producción. Esto es resultado de la presencia de fuerza de trabajo calificada, acceso fácil a insumos y servicios especializados, diseminación de nuevos conocimientos, existencia de una atmósfera industrial y un verdadero entramado de costumbres y sensibilidades útiles, que favorece el desarrollo de la actividad económica local en un determinado territorio. El interés por los “clusters” radica en el potencial que encierra la presencia de componentes de la cadena de valor en el mismo ámbito territorial. Esto facilita el encadenamiento hacia atrás, con quienes proveen insumos y servicios, y hacia delante, con quienes utilizan los productos; pues pueden generar oportunidades para lograr eficiencia colectiva a través de economías externas, bajos costos de transacción y acción concertada8.

El Informe Nacional de Desarrollo Humano 2005 abordó el tema de la competitividad sistémica en República Dominicana y su vinculación con el desarrollo humano. Concluyó que la competitividad auténtica (sustentada en la incorporación deliberada y sistemática del progreso técnico al proceso productivo) y la competitividad sistémica (el entorno institucional de la empresa, la calidad de los recursos productivos, etc.) no sólo son compatibles con el desarrollo humano, sino que el desarrollo humano es una condición y un resultado de éstas. El fortalecimiento de la competitividad y la productividad contribuyen a ampliar el rango de opciones para el ejercicio de las libertades.

Por otro lado, fortalecer las capacidades humanas es un requisito para incrementar la productividad y la competitividad, mientras que un buen nivel competitivo que descanse en una mejoría de los factores determinantes de la competitividad sistémica coadyuvaría al crecimiento económico y al incremento del bienestar9.

• Los estudios sobre desarrollo económico local10 subrayan el carácter territorial del desarrollo económico e identifican tres corrientes para explicar el desarrollo local: las externalidades, el aprendizaje y la institucionalidad para gobernar. Las externalidades se refieren a las economías de escala (externas a las empresas, pero internas al territorio) que constituyen el eje de los trabajos sobre aglomeración de actividades económicas vinculadas entre sí.

El aprendizaje plantea el conocimiento y el aprendizaje colectivo como ejes de la competitividad y generadores de la innovación. La tercera corriente se refiere al tema de la capacidad institucional de gobernar y gestionar, indicando que las rutinas, reglas, costumbres y valores englobados en los activos institucionales de un territorio constituyen aspectos fundamentales para la competitividad y el desarrollo local.